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El papel de la enfermera

España es uno de los países con más médicos por 100.000 habitantes. Probablemente demasiados, sobre todo pensando en el sistema sanitario que debería configurarse para un futuro próximo. De hecho, la plétora de especialistas que ahora mismo tenemos está obligando a muchos buenos profesionales a emigrar. Son médicos muy bien formados por el sistema MIR que no encuentran un puesto de trabajo en nuestro país en momentos en los que la crisis mina seriamente los presupuestos destinados a Sanidad.

Aparentemente, también parece que andamos sobrados de enfermeras ya que el número de ellas/os que trabajan en países de la UE es elevado. Puede que sea prudente frenar el crecimiento del número de nuevos facultativos que se gradúan al año e intentar formar especialistas en función de las necesidades que habrá en el futuro, pero es imperativo empezar a rediseñar el  papel que puede desempañar la enfermería en los tiempos que vienen.

La trascendencia de esta profesión, cuando se habla de cuidados médicos -algo que nadie duda, por supuesto- la acaba de apuntalar con más ahínco una reciente publicación en la revista The Lancet. Un estudio multinacional revisa el número de enfermeras y el porcentaje de ellas que tenían el bachillerato completo antes de estudiar su carrera en 300 hospitales de nueve países de la UE y lo relaciona con la mortalidad hospitalaria de 422.000 pacientes en total que fueron sometidos a una intervención quirúrgica.

Los autores afinaron los datos en función de múltiples variables para que la población investigada fuera homogénea y la relación mortalidad/número de pacientes por enfermera pudiera ser un dato estadístico sólido.

Los números españoles son muy interesantes. España es un país en el que la enfermería hospitalaria tiene más carga de trabajo. Como media cada profesional tiene que atender 12,7 pacientes. En países como Noruega, por ejemplo, la enfermera únicamente tiene que ocuparse de una media de 5,2. Menos de la mitad. Es casi una paradoja que en España la mortalidad de los enfermos que han conformado esta investigación sea del 1,3%. En Noruega, con el doble de enfermeras que en España, este número es el 1,5%. Nada pues que envidiar a los escandinavos.

En España, y es algo que pasa en muy pocos países de la UE, todas las enfermeras han acabado el bachillerato y eso puede darles una buena ventaja cualitativa frente a colegas de otras nacionalidades y quizá les permite estar en los mejores puestos cuando se habla de resultados, a pesar de tener una carga de trabajo mayor que la que hay en otros países.

Conociendo que nuestros profesionales son muy buenos, quizá sea el momento de reflexionar y planificar cuál puede ser el papel de la enfermería en la sanidad, algo que se debería hacer más temprano que tarde. No es cosa de enrocarse discutiendo qué fármacos podrían recetar o hasta dónde tienen que gerenciar los centros clínicos. Lo que hay que planificar es cuál puede ser el rol de esta profesión de cara al desafío que tiene todo el mundo con los enfermos crónicos. O se armoniza bien la interacción de médicos, enfermeras, psicólogos, farmacéuticos y asistentes sociales con los pacientes crónicos, usando las nuevas tecnologías de la comunicación,  o la ineficiencia acabará minando a todos los sistemas sanitarios y se pondrá en peligro su progreso.

Fuente: http://www.elmundo.es/salud/2014/05/30/538781a3268e3eff708b457b.html

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